A menudo me pregunto sobre la presión que deben aguantar muchos profesionales de la televisión, entre ellos los que más me interesan son los artistas que muchas veces se ven atrapados entre un cruce continuo de estocadas desde ambos lados de las cámaras. Ser un ídolo conlleva una gran responsabilidad, en muchas ocasiones no deseada, que causa que el afectado sienta una gran presión moral y ética cerniéndose sobre él.
La sociedad te lo da todo y todo te lo quita, en un momento eres adorado y al siguiente te odian y no por ello dejan de seguir tus pasos sino que investigan más y más hasta acabar con toda tu privacidad. Todos cometemos errores, todos realizamos acciones de “dudosa” moralidad y todos nos arrepentimos, o no, de haberlo hecho. Cargamos muchas veces con el peso de nuestra conciencia y muchas veces es eso mismo lo que acaba destrozándote, no hace falta que te lo digan los demás, no hace falta que te lo recuerden tus enemigos o desconocidos. La raza humana nace bondadosa pero se vuelve cruel y despiada por culpa del orgullo y la codicia. Todos deseamos más poder, mayor liderazgo sobre los demás y mayor imposición con tan sólo nuestra presencia. Para lograrlo desacreditamos a todo aquel que se cruza en nuestro camino y lo humillamos de la forma más despiadada posible para que nunca más vuelva a levantarse.
Afortunadamente la mayoría de nosotros sólo sufre este fenómeno en una escala mínima que juega con el juego y la advertencia, chocamos espadas para medir los niveles y no vamos más allá en la mayoría de casos, unos se hacen los tontos, otros se hacen los duros y otros simplemente deciden respaldar como corderos al macho cabrio y, afortunadamente (como he dicho antes), esto no pasa de grupos que se separan y redencillas sin importancia. Incluso perdiendo encuentras fácilmente a la persona que de verdad cree en tí y te respeta, la que no te juzga nunca y no te miente sobre tus falsas convicciones.
Todos tenemos hombros en los que apoyarnos y hombros sobre los que llorar. Podemos confiar en alguien ciegamente y pocas veces nos daremos de bruces contra el suelo esperando a que sus brazos nos sostengan en la caida. Son los amigos de siempre o los amigos sin-necesidad, aquellos que no te siguen por ninguna razón ajena a tu compañía, aquellos que sólo te ven como lo que eres; una persona con defectos e imperfecciones, con buenos y malos momentos y con esa rareza sin la cuál no serías tú.
Los artistas, en cambio, viven en una selva mucho más peligrosa. Los amigos se convierten en enemigos y los enemigos siguen siéndolo por mucho que te esfuerces. Aquellos en quienes confiabas plenamente te apuñalan y aquellos que ni siquiera conocías, también. Los viejos amigos son inestables, los nuevos amigos no lo son tanto y esa persona que parecía buena sólo se ha aprovechado de tí. Cualquier oferta tienes que estudiarla con detenimiento y ese sitio que parecía privado, no lo es.
Entonces, ¿en quién confiar? en las pocas personas que te demuestran que la honestidad existe, que han visto lo peor de tí y no lo han difamado para salir en el próximo programa de televisión, que les has gritado y siguen ahí porque les importas, que estás bien y vienen y cuando estás mal también vienen. Ese número de personas es muy reducido y abrirse a los demás esperando que seas uno de ellos se vuelve cada vez más duro. Tu corazón se enfría, tu esperanza desaparece y sólo acabas viendo aprovechados y egoístas.
Desde aquí os deseo a todos suerte en esa búsqueda, calor en vuestros corazones y un saco sin fondo lleno de esperanza. Para que sigáis adelante con vuestra vida y que sólo vuestras buenas acciones sean recordadas y seguidas por mucha gente.
No quería dejar esto sin nada más que un discurso largo y confuso que mucha gente ni siquiera habrá terminado o empezado así que para los que habéis esperado os dejo un video que me parece divertido e increíble por lo que representa.
Es de Natalie Portman (hablando de ídolos tenía que poner a alguien):
y otro de Natalie Portman que me parece gracioso por el contexto del conjunto.